Hace algunos años, había un pueblo, ubicado al sur de Italia, en donde se tenía la creencia de que había espada que poseía poderes extraordinarios. Se creía que la espada tenía que ser portada por la persona que fuera digna de llevarla.
Un día, un joven llamado Raúl, decidió averiguar acerca de la existencia de esta espada, por lo que decidió emprender un viaje hacia donde esta espada se ubicaba. Muchos decían que esta espada se encontraba cerca en el Monte Vesubio y que el cuidador de dicha espada era un señor que realizaba estrictas pruebas para probar al verdadero portador de la espada. Durante la travesía, Raúl empezó a ingeniarse una forma de subir al Monte Vesubio y de pasar las pruebas. Cuando Raúl llegó a la cima, se encontró con dicho cuidador, llamado Isaías. Isaías le preguntó a Raúl el porqué de su visita. Raúl respondió que lo visitaba para superar las pruebas que se requerían hacer para portar la espada, entonces Isaías peleó con Raúl, le hizo preguntas históricas acerca de la espada y también lo obligó a hacer ejercicio físico. Todas estas pruebas fueron superadas por Raúl, pero Isaías tenía miedo de entregar la espada que cuidó por muchos años, por lo que Isaías trató de escapar con dicha espada. Raúl no se esperaba con esa reacción, por lo que tuvo que idearse una forma para poder vencer a Isaías nuevamente. Cuando Isaías huía con la espada, Raúl tuvo la idea de tomar otro camino que llegara al mismo lugar que Isaías, por lo que Raúl tomó un camino paralelo al de Isaías que lo llevaba de regreso al pueblo. Cuando Raúl dio el aviso de que Isaías escapó con la espada, los habitantes lo lograron capturar y Raúl tuvo la oportunidad de poder tener la espada.
Raúl se encontraba muy agradecido con el pueblo, ya que sin la ayuda de ellos, hubiera sido muy difícil poder obtener la espada que le llevó mucho esfuerzo conseguir. De esta forma, el pueblo se encontraba muy sorpendido de que el dignatario de la espada fuera un habitante del mismo pueblo.